

Verano en la ciudad
Parece el título de una película, de una comedia, pero en realidad se trata de todo lo contrario.
Durante el pasado verano de 1989, los coleccionistas de bonsai que mantenían sus ejemplares en Barcelona ciudad, experimentaron una inusitada mortandad de árboles, incluso piezas que llevaban cultivando con éxito durante años, y por lo tanto se debían suponer completamente aclimatadas. Sin causa aparente, las hojas o agujas se iban volviendo marrones, hasta la muerte total del bonsai.
Todos conocemos el efecto desagradable que produce la muerte de uno de nuestros árboles, pues significa la pérdida de los años que se han invertido en su cultivo, a veces puede ser también una pérdida económica importante y, por encima de todo, la pérdida de la ilusión que habíamos depositado en el árbol. Sólo entonces descubrimos el lazo anímico que nos unía a él. Si a esto unimos el hecho de que la causa de esta muerte nos es completamente desconocida, amén de inesperada, es fácil que el desaliento nos invada. El bonsai como creación es importante, pero la esencia del verdadero arte del bonsai consiste, en mi opinión, en la convivencia diaria con el árbol y las imperceptibles transformaciones que va sufriendo a lo largo de los años, en los que, poco a poco, día a día le iremos transmitiendo nuestra personalidad y él nos irá mostrando su verdadera naturaleza. Esta compenetración del hombre con el árbol, se ve abruptamente truncada cuando el árbol muere y, si son varios los ejemplares que perdemos, la tentación de dejar definitivamente la práctica del bonsai se hace a veces fuerte.
Es por esto que me he decidido a hacer un análisis lo más objetivo posible de lo sucedido, para intentar averiguar las causas y, de ser posible, corregirlas en el futuro.
HECHOS
- La mortandad mayor de plantas se dio en el mes de julio.
- No dependía del agua de riego, pues los ejemplos constatados comprendían el riego con todo tipo de agua, unos, desmineralizada, otros, del grifo, otros, yo mismo, agua destilada, e incluso con agua de lluvia.
- Las especies que sucumbían eran especialmente coníferas, pinos, sobre todo, así como perennifolios de hoja ancha (Azalea, boj).
- Todas las especies que morían tenían en común el proceder de climas más bien frescos, pero había alguna otra procedente también de clima frío que también moría.
- Naturalmente, como sería previsible por el párrafo anterior, todas las especies subtropicales (olivos, granados) o tropicales (ficus, serissas) se desarrollaban normalmente, o incluso más de lo normal.
En general, los casos más desastrosos (colecciones de veinte a veinticinco árboles reducidas a una docena escasa) se circunscribían al área metropolitana de Barcelona.
De estos factores podemos extraer varias conclusiones. Lo primero que salta a la vista es que sobrevivieron las especies que habrían sobrevivido en un interior, es decir, las especies tropicales y subtropicales. Ya que esto coincide con el hecho de que una de las especies que resistió menos, fuera el pino, que justamente es la menos adaptable a vivir en interior, parece acertado buscar en esa dirección.
En el mes de Julio se dio, durante unos días, un fenómeno poco usual, a saber: las temperaturas eran más o menos las mismas de día que de noche, entre 19-21 °C. Recuerdo que llegué a pensar que el termómetro de máximas y mínimas que tengo instalado en la terraza en que vive mi colección de árboles, se había estropeado, pues apenas se movía. Después recordé que los servicios meteorológicos habían comentado este fenómeno de noches singularmente calurosas, más o menos por las mismas fechas y todo me indujo a concluir que esta había sido la causa misteriosa.
Hay muchos factores que hacen imposible la vida de ciertas especies de árboles en un interior, como la falta de aire fresco, lluvia o rocío, amén de la falta de luz de sol (aunque esto se puede subsanar poniendo el bonsai cerca de una ventana por la que entre el sol), pero parece ser que el primer factor determinante de la supervivencia o no del vegetal en un interior es la temperatura y la estabilidad de la misma.
El Dr. A. F. W. SCHIMPER, en su tratado "Plant Geography Upon a Physiological Basis", publicado en 1903 por primera vez, ya comenta el hecho de que la vida de la planta está compuesta de miles de pequeñas acciones, cada una necesitando unas temperaturas determinadas y que las temperaturas críticas (más allá de las cuales no se pueden llevar a cabo estas funciones) en el caso de las plantas de clima templado, varían únicamente en un grado o dos, mientras que las plantas que proceden de regiones mas frías necesitan una diferencia de bastantes grados para cumplir todas sus funciones vitales. Esto explica, en general, porque las plantas sub- y/o tropicales, pueden cultivarse a una temperatura uniformemente alta, mientras que las especies procedentes del norte necesitan una diferéncia de temperatura entre el verano y el invierno, e incluso y no menos importante, ENTRE LA NOCHE Y EL DÍA.
Así pues, una posible explicación del fenómeno de mortandad de plantas este verano pudo ser que se dieran condiciones demasiado similares a un interior y, por tanto, fatales para ciertas especies.
Es interesante señalar que de todos los pinos de mi colección, el único que sobrevive es un Pinus thumbergii, que junto con el Pinus halepensis son los únicos recomendados como posibles de aclimatar en un interior en la publicación "Bonsai for Indoors" (Bonsai para interiores), de la colección de pequeños manuales publicados por el Brooklin Botanic Garden, primera edición en Noviembre de 1976, pagina 58. Esto es un dato más que confirma la verosimilitud de la teoría de Barcelona convertida temporalmente en un "interior". En septiembre se repitió, por cierto, el fenómeno, aunque de menos días de duración. Para entonces el problema de falta de espacio en mis mesas de bonsai había dejado de serlo. Hubo un momento en que esperaba a tener tres o cuatro bajas, para proceder a la tarea de vaciar y limpiar los tiestos, para ahorrar trabajo haciendo varios a la vez.
Cabría señalar, por último, referente a las temperaturas, que el pasado invierno fue prácticamente inexistente, al menos en la ciudad, lo cual podría haber sido el inicio de la desorientación de los árboles.
Las temperaturas aumentan progresivamente, por el "Efecto invernadero" de la capa de dióxido de carbono que cubre la tierra y es difícil predecir el que será el clima de los próximos años, pero todo tiende a apuntar hacia arriba en cuanto a temperaturas se refiere. Un sistema bastante seguro para mantener los bonsai de una colección saludables, es tener lo que denomina "de interior", pero situado EN EL EXTERIOR. Naturalmente, esto en cuanto se refiere a la ciudad de Barcelona o similar clima. De acuerdo que un Ficus no es un pino, ni una Carmona un abeto, pero si el hombre continúa con esta especie de furiosa y absurda "lucha a muerte" contra la Naturaleza, de la que teóricamente formamos parte, puede que tengamos que acostumbrarnos a los árboles tropicales más de lo que desearíamos y, ojalá sea eso todo.
Tengo la esperanza de estar equivocado.
Josep Berruezo